En el primer caso existe la opción de asumir la responsabilidad con la posibilidad de corregir la conducta en el futuro. La persona se puede hacer cargo. En el segundo caso la persona es literalmente señalada por su culpabilidad y debe atenerse a las consecuencias, que generalmente incluyen actitudes de distancia, evaluación, de "se le advirtió", "debió haber sabido a lo que se enfrentaría" por parte de compañeros o de personas de autoridad.
En el caso de RESPONSABILIDAD se preserva la auto imagen y la auto estima. Hay un espacio para corregir, para aprender y para actuar mejor en el futuro. Si se maneja bien el caso, la persona que acepta la responsabilidad de sus actos invita con su actitud a ser apoyada. En el caso de la culpabilidad se tiende a presumir cierta desidia, negligencia o abiertamente se asume el deseo de causar o causarse daño. En cierta forma se estigmatiza al protagonista. La actitud es a menudo de "que reciba lo que merece".
La enfermedad física puede verse como efecto y como causa al mismo tiempo de malestar psicológico y viceversa. Entonces podríamos mirar al paciente como responsable pero no necesariamente culpable de su estado.
Desde el advenimiento de la psicología moderna con Freud, la ciencia tendió a señalar muy "claramente" los límites de lo biológico de lo mental. Hasta hace unos
años, desarreglos tales como la depresión o la ansiedad extrema eran vistos por la medicina como alteraciones biológicas, deficiencia de Litio, hiperfunción de las glándulas adrenales, etc. Dicho así, la psicología tendría muy poco que aportar. A su vez, para muchos psicólogos el problema podría radicar en la ineficacia del sujeto para lidiar con su realidad, ya que no lo aprendió en la niñez o porque su padre o su madre cometieron errores. Dicho de otra manera, el problema es psicológico, no biológico.
Estos límites y exclusiones mutuas de las ciencias de la salud lo único que han logrado es redirigir la culpabilidad hacia factores externos sobre los cuales el sufriente o paciente aparentemente no tiene mucho que hacer salvo ponerse en manos de un salvador o terapeuta. "No es mi culpa" dice. "No hay nada que hacer... Estoy bajo en Litio". O "no es mi culpa el mal humor y mis gritos. El doctor dijo que son mis glándulas suprarrenales"! Desde el otro punto, podría decir "Qué culpa tengo yo... Papá era alcohólico y golpeaba a mi madre".
Llevamos milenios dirigiendo hacia afuera nuestra atención, culpando y responsabilizando a factores externos o internos pero más allá de nuestro alcance y posibilidades. Si es el litio, qué puedo hacer. Si fué mi padre, menos puedo hacer. Murió hace tiempo!! Esta forma de pensamiento externalizado anima la creencia que si afuera está la causa, entonces afuera también está el remedio. Entonces se perpetúa el ciclo de no hacerse cargo de sí mismo. Se buscan figuras de autoridad (terapeutas) y se les entrega toda la responsabilidad de la curación. "Doctor, cúreme!".
Con demasiada frecuencia nos enteramos que muchos pacientes que entregan todo su poder personal y la responsabilidad en el médico, no cumplen con las instrucciones que les son impartidas para asegurar su proceso de sanación. Pero si se enferman de nuevo, el marco de pensamiento les lleva a asegurar que la culpa es del médico o de la medicina o del psicoterapeuta.
Una señora con arteriosclerosis avanzada y con cirugía y bypass coronarios me confesaba que fumaba a escondidas en el baño. A escondidas de quien? De las figuras de autoridad, el médico y su esposo. Es obvio que la paciente nunca maduró hasta hacerse cargo de sí misma. Sus
sistemas de autocontrol son externos : sólo se abstiene de fumar si las figuras de autoridad están cerca.
Es fácil concluir que mientras el paciente no se hace responsable de su enfermedad y de su curación, lo que se haga desde afuera tiene un valor terapéutico limitado. Sabemos que sin la cooperación comprometida del paciente, el proceso de sanación está condenado a fracasar.
Este pensamiento externalizado a llevado a muchas personas a dar todo su poder a figuras externas. Aún en varias religiones vemos como algunos adeptos entregan sus vidas a su gurú, del cual esperan que se haga cargo de sus pecados. Si necesitan una ayuda, invocan a sus maestros y dioses como única fuente de sanación.. Eso puede estar bien, pero hay que hacer la tarea en casa. Hay que desinfectar la herida. Hay que cambiar el vendaje. Hay que mejorar la forma de alimentarse. Hay que
perdonar. Hay que empezar a dejar ir el odio de nuestras vidas. Hay que dejar de juzgar y envidiar. Hay que aceptar y tolerar
los errores propios y ajenos.
Hace rato que observamos cómo algunos pacientes de úlcera péptica logran sanar cuando
hacen cambios interiores en sus vidas, fuera de cumplir con las sugerencias del médico. Otros pacientes regresan una y otra vez pues aunque cumplen con la parte farmacológica, su sensibilidad y su conflicto interior no les permite cicatrizar el tejido en su estómago. No cicatriza la herida del alma, no cicatriza la del cuerpo.
Si bien la enfermedad física es multicausal, además de muchas investigaciones la simple observación directa nos invita a detectar el componente emocional como un fuerte catalizador y no un simple facilitador del proceso de curación. Si "mente sana en cuerpo sano" es un sabio dicho, no es menos sabio decir que es más fácil tener un cuerpo sano si se cuenta con una mente sana. A mi juicio aquí se inicia el proceso en una enorme cantidad de casos.
Sabemos que el cortisol producido en los momentos de estrés suprime el sistema inmunológico. Sabemos que la tensión muscular causada por estrés puede generar desde tendinitis hasta dolores lumbares intolerables. Sabemos e intuimos mucho más.
Alguien se debe hacer cargo de la investigación de estos fenómenos, con el fin de ampliar nuestra comprensión de la enfermedad y de la salud y de los procesos de sanación.
Cada vez vemos más apertura entre los profesionales de la salud para cooperar en grupos interdisciplinarios con el fin de hallar más y mejores respuestas para la salud. Las más importantes y conocidas de las disciplinas de investigación y aplicación clínica de los hallazgos son la Medicina Psicosomática, la Medicina del Comportamiento, la Psicofisiología, la Psiconeuroinmunología y el Biofeedback. Todas son parte de ése gran campo que llamamos la Medicina Mente-Cuerpo.
Dichas disciplinas se nutren tanto de la medicina como de la psicología y se sirven de métodos especiales de investigación. El Biofeedback es una de las más
jóvenes junto con la Psiconeuroinmunología. Mientras el Biofeedback se apoya en el monitoreo y eventual control voluntario de algunas funciones fisiológicas (EMG o electromiografía, EEG o electroencefalografía, EKG o electrocardiografía, temperatura de la piel, resistencia galvánica de la piel, presión arterial en el tiempo, frecuencia respiratoria y otras), a través de procedimientos
psicofisiológicos especiales, la Psiconeuroinmunología se apoya en ocasiones en el Biofeedback y en pruebas bioquímicas (niveles de lactato sanguíneo y muchas otras) para verificar y explicar sus hallazgos. Todas tienen en común algo grandioso: devuelven al paciente la responsabilidad que le corresponde en el proceso curativo.
Ya llegó el momento de ayudarnos mutuamente a recuperar y compartir la responsabilidad del proceso terapéutico. Somos socios de los pacientes al acompañarlos y dirigirlos hacia su propia curación. Al tiempo que ayudamos a sanar las vidas de otros, sabe Dios que sanamos nuestras propias vidas. Como dijo alguna vez el eminente doctor Albert Schweitzer:
"Hay un secreto bien guardado en nuestra profesión. Nuestra tarea es despertar el médico que cada paciente lleva por dentro para que se haga cargo y lo cure. No se lo digais a nadie".
Dr. Luis Gaviria Vélez
Medicina del Estrés
Clínica Las Américas
Medellín, Colombia
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